Segunda jornada, Leonor de Aquitania

III abrial MMXX

Hemos llegado a Aquitania, es 3 de abril, hace dos días, el 1 de abril, se conmemoró el aniversario 816 de la muerte de Leonor de Aquitania, quien fundara El amor cortés, quien se despidiera en Fontevraud-L’Abbaye en 1204, a los 82 años de edad.  Fue enterrada allí mismo junto con su último esposo, Enrique II de Inglaterra y su hijo, Ricardo I, llamado también Corazón de León.  Ciertamente, una mujer excepcional, hasta en la tumba, siguió leyendo.

Se cree que nació en 1122 en Poitiers, dentro de una familia noble y poderosa, fue nieta de Guillermo el Trovador, Noveno duque de Aquitania e hija de Guillermo X.  Al morir su hermano Guillermo, ella fue educada para convertirse en soberana de sus extensas posesiones.  Se dice que sabía leer, escribir, latín, francés, inglés, aprendió aritmética e historia, sabía de música, pintura y otras artes.  Su padre fue el legendario Don Gaiferos de Mortmaltán, a quien le compusieron un romance que cuenta que murió en la Catedral de Santiago de Compostela, precisamente al terminar una peregrinación el 9 de abril de 1137.

Así que Leonor, también conocida como Aliénor d’Aquitaine, heredó el inmenso ducado que se extendía desde el río Loira hasta los Pirineos, una extensión de tierra mayor a la del rey de Francia.  Ella tenía apenas quince años.  Por supuesto que le llovieron propuestas de matrimonio, pero ella se decidió por Luis el joven, uno o dos años mayor que ella, quien también ese año heredaría el trono de Francia.  Desde luego que Leonor o Eleonora, era una joven muy segura de sí, lo que por supuesto le trajo mucha animadversión, tanto de Bernardo de Claraval, representante de la iglesia católica, como de su suegra, Adelaida de Saboya, quien nunca la quiso, pero sí deseaba sus posesiones.  Leonora creció en un ambiente de arte y cultura, educada como cualquier caballero, exigía ser tratada como una igual por su esposo.  Y cuando Bernardo de Claraval convenció a Luis VII de emprender la Segunda Cruzada, Leonor por derecho propio viajó al frente de sus ejércitos.  Evidentemente, eso a Luis no le gustó, pues ya se imaginaba él al frente de todos los soldados, según él a Leonora le correspondía quedarse cuidando a su hija María, pero Leonor tenía su propia opinión y su poder.  Para colmo, en Antioquía, Leonor se reencontró con su tío Raimundo de Poitiers y ambos educados a la manera de Aquitania organizaron una corte allí, con sus trovadores, troveros y alguno que otro juglar.  No tardaron los rumores en surgir y acusarla de incesto.  Luis tuvo un arranque de celos y la golpeó frente a toda la corte, mientras le exigía que regresara a Francia.  Ambos regresaron y ella al llegar a Roma pidió la anulación del matrimonio, pero el Papa, que veía en Luis un sujeto mucho más fácil de manipular que la propia Leonor, medió para que la pareja se mantuviera unida.  De allí nació una segunda hija, Alix.  Pero las murmuraciones no acababan y Luis se hartó de no poder dominar a su mujer, así que  ahora él solicitó la disolución del matrimonio.  De manera tal que Leonor quedó libre el 21 de marzo de 1152.  Leonor tenía 29 años.  Volvieron a llover galanes y se decidió por Enrique, duque de Normandía, de solamente 19 años.  Enrique se convertiría en Enrique II de Inglaterra, pero eso sería dos años después.  De 1152 a 1154 ambos establecieron su corte en Poitiers y el arte volvió a florecer allí.  Al casarse con Enrique, ambos reunieron posesiones ocho veces mayores a las que tenía Luis, el rezandero, y claro que esto no les cayó nada bien.

Leonor de Aquitania fue la madre de Ricardo Corazón de León y de Juan Sin Tierra, además de haber sido tovadoritz y fundadora de las leyes de caballería.  Y por si lo dudan, por aquí les dejo un poema de Leonor:

Qué doloroso es amar…

¡Qué doloroso es amar…
y no poderlo decir!
Si es doloroso saber,
que va marchando la vida
como una mujer querida,
que jamás ha de volver.
Si es doloroso ignorar,
donde vamos a morir;
¡más doloroso es amar…
y no poderlo decir!

Triste es ver que la mirada,
hacia el sol levanta el ciego;
y el sol la envuelve en su fuego
y el ciego no siente nada.
Ver su mirada tranquila,
a la luz indiferente
y saber que eternamente,
la noche va en su pupila
bajo el dosel de su frente.

Pero si es triste mirar
y la luz no percibir;
¡más doloroso es amar…
y no poderlo decir!

Conocer que caminamos,
bajo la fuerza del sino;
recorrer nuestro camino
y no saber donde vamos.
Ser un triste peregrino,
de la vida en los senderos,
no podernos detener,
por ir siempre prisioneros,
del amor o del deber.
Mas si es triste caminar
y no poder descansar
mas que al tiempo de morir;
¡más doloroso es amar…
y no poderlo decir!

Vivir como yo soñando,
con cosas que nunca vi;
y seguir, seguir andando,
sin saber por qué motivo
ni hasta cuándo.
Tener fantasía y vuelo,
que pongan al cielo escalas
y ver, que nos faltan alas,
que nos remonten al cielo.
Más si es triste no gozar,
lo que podemos soñar;
no hay más amargo dolor,
que ver el alma morir,
prisionera de un amor
y no poderlo decir.

Leonor de Aquitania – Joaquín Dicenta

¿Quieren oírlo?

Para saber más,  es mejor que escuchen y vean el siguiente video:

Share your thoughts